Aunque a veces no lo notemos, muchas de las palabras que utilizamos cotidianamente poseen un claro sesgo discriminatorio, pero su utilización se encuentra tan naturalizada que las repetimos de forma sin pensarlas, sin analizarlas, sin tener en cuenta sus efectos y como consecuencia incurriendo en una suerte de discriminación o xenofobia del lenguaje.
Cuando el envase vale más que el contenido
En una sociedad dominada por la dictadura de la estética, parece ser que la apariencia física de las personas vale más que cualquier otro aspecto. Uno de las dimensiones sociales en la que más se refleja ese fenómeno es en el mundo del trabajo, donde el envase que se muestra vale más que el propio contenido.
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